Principios del Tourbillon
by 蒙提.赫爾曼La trascendencia de un invento se mide no solo por su longevidad, sino por el número de imitaciones que genera.
Estos dos criterios se cumplen ampliamente en el caso del tourbillon patentado por Abraham-Louis Breguet en 1801. Por un lado, más de dos siglos después de su creación, sigue siendo muy apreciado; por el otro, según un censo elaborado recientemente, más de 100 marcas relojeras aseguran que ofrecen un tourbillon en sus colecciones, aunque para ello hayan tenido que recurrir a una tercera empresa para desarrollarlo y construirlo.
La grandeza del tourbillon se ve reforzada por su propio nombre y por lo que este representa en la jerga relojera. Fue bautizado así por su inventor, A.-L. Breguet, debido al paralelismo que existe entre el movimiento de sus componentes y el de un sistema planetario en torno a su eje.
Esta referencia astronómica y filosófica de definición cartesiana ha resistido a la prueba del tiempo con tanta fuerza como el propio invento.
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Extracto de la patente del tourbillon de Breguet de 1801.
El famoso dispositivo se ha convertido en una de las cumbres del arte relojero y en uno de los temas de conversación preferidos de los coleccionistas del mundo entero. Ahora bien, ¿cuántas personas conocen verdaderamente su funcionamiento? La mayoría de definiciones lo describen como una construcción destinada a compensar los efectos de la gravedad terrestre sobre la marcha del reloj, pero rara vez van más allá de estas simples palabras. ¿Cuáles son estos efectos gravitacionales? ¿Cuál es su impacto sobre el funcionamiento de un reloj? Y por último, ¿cómo reacciona el tourbillon ante estos efectos?
Para comprender los problemas de la gravitación, así como la manera en que el tourbillon los aborda, empecemos con un breve resumen de los fundamentos. Los relojes de bolsillo, así como posteriormente los de pulsera, nacieron gracias a un invento clave, el muelle espiral, concebido en 1675 por el matemático, físico y astrónomo neerlandés Christiaan Huygens.
Este logro, basado en los estudios realizados por Galileo, fue el resultado de sus investigaciones, realizadas en los relojes de péndulo. El estudio de la física de los péndulos condujo al muelle espiral, que el inventor utilizó posteriormente para concebir un reloj de bolsillo. En su análisis, los péndulos y los muelles espirales se consideraban osciladores. Sus investigaciones se centraron en las propiedades «anisócronas», es decir, en la manera en la que el período de oscilación –el ritmo– variaba en función de la amplitud de la oscilación.
Sus observaciones lo condujeron a elaborar una teoría de las propiedades de las fuerzas restauradoras encargadas de devolver el péndulo de su posición desplazada al centro.
Si el ángulo de desplazamiento (definido por la posición con respecto a la posición central más baja) es grande, la fuerza restauradora será más importante que para los ángulos pequeños. Imagine un ángulo de 90 grados: en esta posición, toda la fuerza de la gravedad tira el péndulo hacia atrás a lo largo de su arco. Inversamente, con un ángulo muy pequeño, solo una mínima parte de la fuerza gravitacional actúa para llevar al péndulo a su posición más baja.
En otras palabras, la fuerza restauradora del péndulo no es lineal y varía en función del ángulo. Así, la velocidad del movimiento de vaivén está condicionada por el ángulo de la oscilación. Con ángulos de oscilación grandes, la velocidad es más lenta que con ángulos de oscilación pequeños.
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El estudio de los péndulos condujo a la concepción del volante y del muelle espiral. Dado que la fuerza de restauración de la gravedad varía con el ángulo de desplazamiento, la velocidad del péndulo varía en función del ángulo.
En un oscilador ideal, la velocidad no debería variar en función del ángulo. Este oscilador ideal se denomina «isócrono». Dado que la velocidad de las oscilaciones del péndulo fluctúa, de hecho, en función del ángulo, de manera no lineal, el péndulo no es un oscilador isócrono. Solo se aproxima al ideal de un oscilador isócrono en el hecho de que la velocidad no cambia cuando se trata de ángulos pequeños de oscilación.
Huygens consideró que un volante dotado de un muelle espiral podría ser un oscilador ideal. Con un muelle espiral ideal, la fuerza restauradora debería ser proporcional al ángulo. En otras palabras, cuando el volante gira un cierto número de grados, el par de un muelle espiral ideal debería, en teoría, ser proporcional al número de grados de rotación. Cuanto mayor sea el ángulo de rotación, mayor será la fuerza restauradora.
En resumen, una combinación ideal del volante y su espiral podría teóricamente ser un oscilador perfectamente isócrono en el que la frecuencia no cambiaría con el ángulo de rotación (que los relojeros denominan «amplitud»). Como veremos más adelante, el oscilador isócrono teóricamente perfecto de Huygens presenta, no obstante, algunas imperfecciones que se ponen de manifiesto en la práctica.
En una construcción moderna estándar, el volante está fijado a un eje. Este eje reposa por lo general sobre dos rubíes, uno situado en cada extremidad, con dos agujeros para alojarlo. Estos rubíes se denominan «contrapivotes». Dicha construcción permite que el volante oscile libremente con un mínimo de fricción.
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La frecuencia de una combinación ideal del volante y su espiral podría teóricamente permanecer constante con el ángulo de rotación. Sin embargo, hay pares perturbadores inducidos por el desplazamiento del centro de gravedad con respecto al centro de rota
Para entender el tourbillon, primero es importante examinar cómo la gravedad afecta el funcionamiento del volante oscilador de un reloj. Al estudiar el volante, Abraham-Louis Breguet identificó tres factores principales que contribuyen a los errores inducidos por la gravedad terrestre: los pares perturbadores, el desgaste o fricción y la lubricación. He aquí una cita de su solicitud de patente de 1801:
«Mediante esta invención he logrado: anular por compensación las anomalías causadas por las distintas posiciones de los centros de gravedad y del movimiento del regulador, distribuir el rozamiento de todas las partes de la circunferencia de los pivotes de este regulador y de los agujeros en los que los pivotes se mueven, conseguir que la lubricación de los puntos de fricción sea siempre la misma –a pesar de la coagulación de los aceites– y, por último, destruir muchas otras causas de errores que influyen en mayor o menor medida en la precisión del movimiento, que el arte (de la relojería) solo podía conseguir hasta ahora con infinitos ensayos y errores, y, a menudo, incluso con la incertidumbre del éxito».
Sus conocimientos eran profundos y siguen guiando a los relojeros hoy en día. Examinemos cada factor.
Pares perturbadores. Este efecto surge de la construcción del volante y de su muelle espiral. Cada espiral tiene dos extremidades, una está unida al eje del volante a través de una virola y la otra va fijada a un pitón.
Hay dos aspectos de la construcción que pueden provocar ligeros desplazamientos del centro de gravedad con respecto a la posición ideal de un centrado sobre el eje de rotación. El primero surge de la fijación de la extremidad de la espiral. Como esta fijación no forma necesariamente un círculo completo, el centro de gravedad no está centrado sobre el eje del volante (el centro de rotación), pues este se desplaza.
Abraham-Louis Breguet reconoció que este desplazamiento no era ideal y aportó una mejora gracias a otro de sus inventos, la curva terminal realzada que hoy lleva su nombre. En lugar de fijar la extremidad terminal de la espiral a un brazo adyacente a su vuelta exterior, Breguet modificó la espiral doblando su parte externa sobre la parte principal y desplazando así el punto de atadura al interior.
Este alzamiento de la espiral exterior permitió acercar el centro de gravedad de la espiral al centro de rotación formado por el eje del volante.
El propio volante también puede provocar un desplazamiento del centro de gravedad. Si el volante no está perfectamente equilibrado, su centro de gravedad se aleja de su eje central.
El invento de la curva Breguet.
Al plegar la espira externa hacia una posición superior y la parte exterior sobre la parte principal, y al desplazar el punto de atadura al interior, el centro de gravedad de la espiral se acerca al centro de rotación, reduciendo así los pares perturbadores procedentes de la atracción terrestre.
¿Qué significan estos desplazamientos del centro de gravedad?
Imagine un reloj en posición vertical. Si el centro de gravedad de la espiral se encuentra sobre el eje, este pequeño desplazamiento producirá pares que entrarán en conflicto con los pares de recuperación teóricamente perfectos de la espiral misma, ya que la fuerza de gravedad tenderá a producir los pares que sustraen de la fuerza de recuperación de la espiral los 180 primeros grados de la rotación del volante, hasta que el centro de gravedad desplazado alcance una posición a su altura máxima sobre la espiral.
Estos pares de gravedad también interferirán con la energía de impulso del escape que hace girar el volante.
En resumen, son pares que se añaden o se sustraen al comportamiento natural de la espiral y a la energía de impulso del escape para acelerar o ralentizar la marcha.
En ambos casos son desviaciones con respecto al rendimiento ideal del volante como oscilador.
Nótese además que los desplazamientos del centro de gravedad también pueden ser el resultado de imperfecciones del equilibrado del volante. Los efectos son los mismos que en el desplazamiento del centro de gravedad de la espiral.
Desgaste/fricción. El eje del volante se apoya en sus extremos sobre unos contrapivotes de rubí. Aunque estos reducen considerablemente la fricción con respecto a las construcciones anteriores, no la eliminan. Además, y sobre todo, varios factores pueden producir una variación de la tasa de fricción cuando el reloj se encuentra en posición vertical. Entre ellos, las ligeras deformaciones del propio eje o de los pivotes o un desgaste irregular de ambos. En las posiciones en que la fricción es menor, la amplitud será mayor que en aquellas en las que la fricción es más importante.
Lubricación. Con el tiempo, la repartición del aceite en los contrapivotes puede desplazarse y distribuirse de manera desigual. Como en el caso desgaste/fricción, esta desigualdad puede provocar un rozamiento más importante en ciertas posiciones verticales y menos importante en otras, con los correspondientes efectos sobre las amplitudes y la cadencia.
Estos pequeños efectos de la gravedad sobre las amplitudes y la cadencia tienen dos cosas en común. Se producen cuando el reloj y su volante están en posición vertical y varían en función de la orientación del reloj. Así, teniendo en cuenta este factor, entre otros, los relojeros examinan la amplitud y la cadencia en las cuatro posiciones verticales: corona hacia arriba, corona hacia abajo, corona a la izquierda y corona a la derecha.
El principio del tourbillon consiste en hacer girar los componentes que mantienen la marcha –el volante, la espiral y el escape– sobre 360 grados, de modo que los pequeños errores se anulen. Con la rotación, los elementos pasan por las posiciones en que la cadencia es más rápida (menor amplitud) y más lenta (mayor amplitud).
El concepto del tourbillon, que consiste en hacer girar constantemente los componentes que mantienen la marcha a lo largo de 360 grados, parece muy sencillo. Sin embargo, su aplicación representa uno de los grandes retos de la relojería.
Para garantizar la rotación, el volante, la espiral y el escape están montados en una jaula. El tren de ruedas activado por el barrilete del reloj aporta la energía para hacer girar la jaula. La genialidad de Breguet consistió en integrar esta rotación con el funcionamiento del volante y del escape.
Para ello, el escape que gira con la jaula dispone de un piñón que está engranado con una rueda fija. La velocidad de rotación y el ritmo de oscilación del volante están definidos por el bloqueo y desbloqueo del escape.
En la construcción más común, descrita en la patente de Breguet de 1801, el sistema lleva un piñón, situado bajo la jaula, para distribuir la energía necesaria procedente del barrilete y transmitirla por el tren de ruedas. Bajo la jaula también hay una rueda fija en torno a la cual gira el conjunto.
Hay un imperativo de construcción que se desprende del concepto del tourbillon. En un reloj estándar, la energía proporcionada por el muelle del barrilete alimenta el volante y el escape, ambos en posición fija. Con el tourbillon, esta energía debe cumplir una función doble: no solo alimentar el volante y el escape, sino también hacer girar la jaula.
Esto exige un diseño cuidadoso para minimizar el peso del conjunto.
A modo de ejemplo, el peso total de la jaula, del volante, de la espiral y del escape de los tourbillons Breguet varía entre 0,290 y 0,895 gramos.
Hoy en día, casi todos los tourbillons y todos los modelos de las colecciones Breguet giran una vez por minuto. Esto permite, entre otras cosas, fijar un segundero a la jaula y de esta forma incorporar un segundero pequeño.
El tourbillon no impone, sin embargo, una rotación de un minuto. Se puede obtener la anulación de los errores de marcha con otras frecuencias. De hecho, el primer tourbillon de A.-L. Breguet giraba a la velocidad de una vuelta cada cuatro minutos.
Para cualquier apasionado de la relojería es fascinante observar cómo gira un tourbillon en un reloj colocado en una máquina Witschi, que mide la velocidad en tiempo real. La pantalla de la máquina trazará una onda sinusoidal perfecta, representativa de la jaula que gira pasando por las posiciones de aceleración y desaceleración.
Durante las poco más de dos décadas posteriores a su invención, solo 35 piezas de tourbillon salieron del taller parisino de Abraham-Louis Breguet en el Quai de l’Horloge. Ni en sus sueños más locos hubiera podido imaginar la evolución de su invento: la Maison no ha permitido que este invento se estanque como una pieza de museo congelada.
Al contrario, los diseñadores de movimientos Breguet han concentrado sus energías creativas sobre los fundamentos del tourbillon y han hecho progresar su concepción.
El tourbillón extraplano de los modelos Classique Tourbillon Extra-Plat, Marine Tourbillon Equation du Temps y Classique Tourbillon Extra-Plat Squelette es un ejemplo de ello.
Con el fin de reducir el grosor del movimiento, la construcción extraplana cambia la forma en que se suministra la energía a la jaula y la forma en que el piñón del escape se acopla a la rueda fija. Mientras que en la disposición estándar la jaula está vinculada al rodaje del reloj por un piñón inferior, con la arquitectura extraplana la energía se distribuye por el exterior de la jaula. De este modo, se suprime la altura adicional del piñón situado debajo.
Siempre con el objetivo de reducir el grosor, el piñón del escape engranado a una rueda fija debajo de la jaula se reemplaza por un aro dentado fijo exterior.
Estas dos evoluciones, que aportan modernidad, no modifican los principios fundamentales del funcionamiento ni el modo de operar del tourbillon.
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A la izquierda, la jaula del tourbillon del Classique Tourbillon Extra-Plat 5377; a la derecha, la del Tradition Tourbillon 7047.
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A la izquierda, la jaula del tourbillon del Classique Tourbillon Extra-Plat 5377; a la derecha, la del Tradition Tourbillon 7047.
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A la izquierda, la jaula del tourbillon del Classique Tourbillon Extra-Plat 5377; a la derecha, la del Tradition Tourbillon 7047.
El Tradition Tourbillon introduce nuevos avances conceptuales. Los diámetros de la jaula y del volante son extraordinariamente grandes para armonizar la estética de la esfera que permite ver el tourbillon, el barrilete, la transmisión husillo-cadena de fuerza constante y, por supuesto, la esfera descentrada.
El diseño del propio tourbillon es una alianza de tradición y modernidad. Mirando al pasado, la forma de los brazos de la jaula se asemeja a aquella descrita en la patente de 1801. Ahora bien, aunque la forma de los brazos se inspira en la patente, su número ha aumentado.
En el concepto original, la construcción de la jaula comprende solo dos brazos de soporte. En aras a la robustez, la jaula del Tradition Tourbillon está sujetada por tres brazos superiores y seis inferiores.
Se ha prestado especial atención a la espiral. No solo se mitigan los efectos de la gravedad gracias a la rotación del propio tourbillon, sino que Breguet ha construido una espiral en silicio, cuyo peso más ligero también contribuye a reducir los efectos. Y, como medida adicional, el Tradition Tourbillon incorpora una espiral Breguet, que también mejora el rendimiento.
La espiral de silicio con su espiral Breguet ha sido patentada.
Estos dos modelos de la colección actual también muestran la integración de materiales modernos en el tourbillon. Por supuesto, la espiral de silicio es un ejemplo de ello. También lo es la fabricación de la jaula y el volante en titanio. Su ligereza con respecto a los materiales preexistentes reduce la inercia, lo que mejora el rendimiento cronométrico y permite una mayor reserva de marcha.
El volante de titanio de Breguet está protegido también por una patente.
El estudio de la evolución del tourbillon desde su creación, hace más de dos siglos, hasta el presente, en que forma parte de distintos modelos de la colección actual de Breguet, revela la notable vitalidad de los profundos conocimientos de Abraham-Louis Breguet sobre los desafíos de la cronometría, base de su obra.
La unión entre la tecnología actual y el invento histórico es igualmente impresionante.